martes, 27 de septiembre de 2011


El Inca y Sor Juana ¿Rebeldes o sometidos?
Por Analía Hernández

Cuando se mencionan los nombres de Sor Juana Inés de la Cruz y del Inca Garcilaso quedan latentes, definitivamente, dos posibilidades en lo que se refiere a sus actitudes: o bien entendemos que son sujetos sometidos, víctimas del poder, o bien entendemos que son sujetos que, en un posible intento de rebeldía, se emancipan del dominador ¿Podemos decir, sin embargo, que estos escritores son sujetos subordinados?

Evidentemente, cuando una persona se apropia de la palabra, cuando su voz se hace sentir, ya no podemos hablar de un sometimiento (como el que sufriría aquel al que no se lo deja decir), debemos afirmar que estos escritores, al expresarse, tienen la oportunidad de rebelarse contra los preceptos de la época  -como es  el caso de Sor Juana- o rebelarse contra la tradición española como es el caso del Inca .

El sometido, en tanto, es aquel que calla frente al otro que tiene más poder. Ese otro es protagonista, hasta podríamos afirmar que se convierte en el dueño de la verdad tal como lo señala el famoso dicho “el que calla otorga”. De esta manera, ese que enmudece  se convierte en subalterno porque le deja al otro la posibilidad de que tenga la razón.

Un ejemplo de ello, es el caso de las mujeres romanas a quienes se les negaba hablar, hecho que muestra el sometimiento extremo. Las mujeres no eran ni siquiera dignas de ser escuchadas porque estaban confinadas al hogar.

Por otra parte, ¿se puede decir que alguien es sometido cuando su meta es apropiarse del saber?

Todos sabemos que en la época de la Inquisición, el libro era tan fielmente custodiado debido a que concentraba el saber que la Iglesia se guardaba para conservar su poder, tal como se ilustra en El nombre de la Rosa de Humberto Eco. El hecho de que otros supieran implicaba hacer quebrar ese poder..

Sin embargo, a pesar de que a Sor Juana se le niega instrucción porque, como bien sabemos, era muy difícil entender que una mujer en el siglo XVII  estudiara, ella fue autodidacta. Entonces, si saber es tener poder y ella sabía porque estudiaba, algo de poder tenía con lo cual, indudablemente, está más cerca de la rebeldía que del sometimiento.

Por otro lado,  ¿se puede decir que siendo hijo de español es más difícil separarse de esa tradición?

Respecto del Inca, podemos señalar que él se independiza de lo español, no se somete a ello puesto que puede exaltar, como bien lo hace en los Comentarios Reales, el mundo incaico y describir con nostalgia ese universo. Esto demuestra que no se subordinó a lo español sino que dejó abierta la puerta de su vida para dar cuenta de los testimonios del imperio inca.

Tal vez pueda objetarse a lo anterior que, en su obra, el Inca admiró también los hechos españoles de los conquistadores. Pero aún así, lo que prevalece en su obra antes mencionada, es la alabanza y la defensa de las costumbres de este pueblo ya que son muchos los capítulos que le dedica al imperio inca.

Por otra parte, la rebeldía de Sor Juana tiene que ver más con la protesta respecto de la situación injusta que sufre la mujer de la época, su voz resuena en el “hombres que acusaís a la mujer sin razón”, pero no solo es dueña de su voz sino que en los villancicos,  hace hablar a los marginados (negros, indios) como intento de quebrar las jerarquías.

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Es evidente que Sor Juana no se somete a las leyes impuestas. La Iglesia centraliza el poder en el conocimiento, vedado para la mujer,. Sin embargo, ¿ella no se arriesga al buscar el saber que se le niega? En esa famosa carta de Sor Filotea ¿no es inobjetable cómo se eleva ante el Obispo quien le exigía obediencia y sumisión como religiosa?

No podemos negar que el yo lírico en esa carta es cuestionador, porque pone en tela de juicio la actitud de la Iglesia.

Así, al apoyarse la carta de Sor Juana en una base argumentativa fuerte, ¿no asume atacar?

Incluso, cuando ella dice que ingresó al convento porque no tenía vocación para el matrimonio podemos entrever una protesta contra la Iglesia, desacreditándola: señala que entró al convento no porque aceptara los preceptos de esta sino como protesta contra las normas impuestas: el matrimonio como único destino para la mujer.

No podemos hablar de sometimiento cuando una voz se expresa, cuando la persona sigue las huellas del saber o cuando se apropia, como en el caso del Inca, de una tradición no española para exaltarla. Creemos que el sometimiento es callar, responder a lo que el otro quiere que una persona sea, aceptar los valores del dominador sin cuestionarlos. El Inca no dijo lo que quizás le hubiese dicho su padre español por lo tanto, su voz fue libre y Sor Juana no se resignó a la ignorancia que le imponían por ser mujer; su voluntad de saber significó, indudablemente, una defendida rebeldía